Antonio Tajani, Vicepresidente del Consejo de Ministros y Ministro de Asuntos Exteriores y de la Cooperación Internacional de la República Italiana
Desde que estalló la guerra entre Irán y Estados Unidos, Italia se ha movilizado junto con los socios europeos, el G7 y los organismos multilaterales para facilitar el cese de las hostilidades, asegurar la reapertura del Estrecho de Ormuz y devolver estabilidad en Oriente Medio. En este marco, nuestro país ha manifestado su disponibilidad para participar, una vez terminado el conflicto, en una coalición internacional de carácter defensivo, para devolver la libertad de navegación en el Estrecho.
Como he recordado en estas horas interviniendo en Comisión ante el Parlamento italiano, para nuestro Gobierno el bloqueo de Ormuz no representa una simple crisis regional, sino un choque global destinado a repercutir en la seguridad energética, en la competitividad industrial y en los equilibrios económicos internacionales. Un riesgo especialmente relevante para todos los países de la región, pero también para un país exportador como Italia, cuyas exportaciones representan alrededor del 40% del PIB.
El Estrecho de Ormuz, como sabemos, es un nudo estratégico del comercio mundial: por ese pasaje transita casi el 20% del petróleo global, una cuarta parte de las exportaciones de gas natural licuado y una cuota relevante de las materias primas necesarias a las cadenas de producción internacionales. La inseguridad de las rutas comerciales y el encarecimiento de la energía ya han empezado a producir efectos sobre las familias y las empresas europeas. A pesar de la desaceleración del comercio global y el impacto de los aranceles, en 2025 las exportaciones italianas crecieron igualmente un 3,3%, confirmando como la estabilidad de las rutas marítimas es fundamental para la economía nacional.
Lo que nos preocupa, de todas maneras, no es solo el impacto sobre la industria nacional. También son motivo de preocupación las consecuencias para los países más frágiles de África y del Mediterráneo ampliado. Por el Estrecho de Ormuz, de hecho, pasa alrededor del 30% de las exportaciones mundiales de fertilizantes, fundamentales para la seguridad alimentaria de muchas economías vulnerables. El caso de Sudan, que sigue afectado por una de las crisis humanitarias más graves del mundo, es emblemático. El aumento de los precios de la energía y de los fertilizantes podría comprometer las producciones agrícolas, alimentar la inflación y empeorar la inestabilidad, las carestías y los flujos migratorios hacia Europa.
Por esto, a principios de mayo, convoqué una reunión junto con mi homólogo croata — presidente de turno del MED9 — invitando a treinta países del Mediterráneo, de Oriente Medio y de los Balcanes, además de la FAO, para lanzar la “Coalición de Roma para la Seguridad Alimentaria y el Acceso a los Fertilizantes”, un foro permanente para identificar soluciones inmediatas y concretas.
Nuestra interpretación es que la crisis de Ormuz es el reflejo de un conflicto más amplio, arraigado en décadas de tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán. En este escenario, seguimos manteniendo que la vía diplomática es la única posible y reiteramos que Teherán no puede dotarse de armas nucleares ni de sistemas de misiles capaces de desestabilizar ulteriormente la región.
No podemos cancelar el recuerdo de la represión de las protestas juveniles en Irán, sofocadas de manera sangrienta por el régimen. Una represión que sigue todavía hoy a través de detenciones y ejecuciones capitales contra los opositores. En las últimas semanas, Teherán ha golpeado indiscriminadamente áreas residenciales, hoteles, hospitales e infraestructuras energéticas en distintos países del Golfo. Ataques que siguen todavía hoy y que hemos condenado con firmeza, expresando solidaridad a Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Omán y Arabia Saudita.
A nivel diplomático, he estado constantemente en contacto con mi amigo el secretario de Estado de EEUU Marco Rubio, al que recibí en Roma hace unos días. Coincidimos en la necesidad de preservar el vínculo transatlántico y de trabajar conjuntamente por la paz y la estabilidad internacional. También he confirmado el apoyo a las negociaciones que se están llevando a cabo en Pakistán, que consideramos fundamentales para mantener abierta una vía diplomática.
He mantenido el diálogo también con el ministro de Exteriores iraní Abbas Araghchi, subrayando la necesidad de que Teherán negocie “en buena fe” y vuelva a colaborar con el Organismo Internacional de Energía Atómica, reconstruyendo al mismo tiempo relaciones positivas con los países del Golfo.
En las pasadas semanas también viajé a China, para reunirme con el ministro de exteriores Wang Yi, al que solicité un papel más activo de Pekín en la mediación con Teherán. Paralelamente, Roma mantiene un contacto directo con los socios regionales del Golfo, considerados como interlocutores indispensables para cualquier solución diplomática duradera y para el futuro restablecimiento de la libertad de navegación en el Estrecho.
A nivel operativo, Italia está lista para poner a disposición la experiencia adquirida en las misiones navales europeas en el Mar Rojo, en el Océano Índico y en el Mediterráneo. En particular, consideramos necesario fortalecer la misión europea ASPIDES, que actualmente implica solo a Italia y Grecia en la patrulla del Mar Rojo para garantizar el transporte marítimo.
En la misión multilateral que se pondrá en marcha en el Estrecho de Ormuz, Italia podría contribuir a las operaciones de desminado y a la seguridad de la navegación comercial.
Consideramos, sin embargo, que una paz duradera en Oriente Medio no puede prescindir de la estabilidad del Líbano.
El Gobierno italiano apoya el diálogo entre Israel y Beirut mediado por Estados Unidos y se ha ofrecido para acoger interlocuciones directas entre las partes. Durante la misión en el Líbano del pasado abril, he reiterado al presidente Joseph Aoun el apoyo italiano a una ruta que transforme la tregua actual en un verdadero proceso de paz.
Italia, además, está trabajando con el Líbano y EEUU en iniciativas para reforzar las capacidades de las fuerzas de seguridad libanesas, en participar para la lucha contra el blanqueo y los tráficos ilícitos. Washington y Bruselas también consideran que Roma es un actor cada vez más central para fortalecer la estabilidad de Beirut, un tema que he tratado también en mi reciente encuentro en el Ministerio con el ministro de exteriores libanés.
También mantenemos elevada la atención sobre la seguridad de nuestros militares que trabajan en la misión UNIFIL, en la misión bilateral MIBIL y en el Comité Técnico Militar para el Líbano, liderado por Italia. Paralelamente, no dejaremos de solicitar la protección de las comunidades cristianas en el país, tras las violencias de los colonos extremistas israelíes contra aldeas en el sur del Líbano, incluidas aquellas de mayoría cristiana.
El tema de las violencias de los colonos extremistas israelíes ha sido tratado también en Bruselas, donde entre ministros europeos acabamos de poner en marcha nuevas, severas sanciones contra ellos. En la misma sesión, aprobamos ulteriores sanciones contra los terroristas de Hamás, cuyo desarme sigue siendo una prioridad absoluta. Italia sigue monitorizando con atención la situación en Gaza y en los Territorios palestinos, manteniendo un papel activo en las ayudas humanitarias y en la futura reconstrucción, con el objetivo de llegar a dos Estados capaces de convivir en paz y seguridad.
En esta perspectiva se enmarca también la llegada a Italia, estos días, de 72 estudiantes palestinos ganadores de becas en universidades italianas: una inversión que consideramos como parte de la formación de la futura clase dirigente palestina.